El desarrollo económico contemporáneo exige modelos de colaboración que superen la lógica aislada de los sectores tradicionales. En este contexto, la articulación entre pequeñas y medianas empresas (pymes), el Estado y la academia se ha consolidado como un motor clave para el escalamiento productivo, la innovación y la competitividad. Esta tríada —conocida en muchos países como el modelo de “triple hélice”— permite que cada actor aporte sus fortalezas para generar un ecosistema dinámico, capaz de responder a los desafíos actuales y de anticipar los futuros.
Las pymes: flexibilidad y limitaciones estructurales
Las pymes representan la base productiva de la mayoría de economías. Son flexibles, creativas y profundamente conectadas con las necesidades reales del mercado. Sin embargo, enfrentan limitaciones estructurales: acceso restringido a financiamiento, brechas tecnológicas, dificultades para profesionalizar procesos y limitaciones en investigación y desarrollo. Por sí solas, estas empresas suelen tener dificultades para escalar, no por falta de talento o visión, sino por la ausencia de un entorno que potencie sus capacidades.
El papel determinante del Estado en el fortalecimiento empresarial
Aquí es donde el Estado juega un papel determinante. Las políticas públicas orientadas al fortalecimiento empresarial —desde programas de financiamiento hasta marcos regulatorios más ágiles— crean condiciones habilitadoras para que las pymes puedan crecer. Además, el Estado tiene la capacidad de coordinar esfuerzos, articular actores y garantizar que los beneficios del desarrollo se distribuyan de manera equitativa. Cuando las instituciones públicas se convierten en aliadas estratégicas, las pymes encuentran un terreno fértil para innovar, formalizarse y expandirse.
La academia: conocimiento e investigación aplicada
La academia, por su parte, aporta conocimiento, investigación aplicada y talento humano. Las universidades y centros de formación pueden convertirse en laboratorios vivos donde se experimentan soluciones, se desarrollan tecnologías y se forman profesionales capaces de responder a las necesidades reales del sector productivo. La vinculación universidad-empresa permite que el conocimiento deje de ser un recurso aislado y se convierta en un insumo directo para la competitividad. Además, la academia puede ofrecer metodologías, diagnósticos y herramientas que ayudan a las pymes a tomar decisiones informadas y estratégicas.
Un círculo virtuoso para la competitividad nacional
Cuando estos tres actores trabajan de manera coordinada, se genera un círculo virtuoso. Las pymes plantean problemas reales; la academia investiga, prototipa y propone soluciones; y el Estado crea las condiciones para que esas soluciones se implementen y escalen. Este modelo no solo impulsa el crecimiento empresarial, sino que también fortalece la innovación nacional, promueve empleos de calidad y dinamiza la economía local.
El escalamiento sostenible como necesidad estratégica
El escalamiento sostenible no depende únicamente del esfuerzo individual de las empresas, sino de la capacidad colectiva para construir un ecosistema que favorezca la colaboración, la transferencia de conocimiento y la innovación continua. La alianza entre pymes, Estado y academia no es un lujo ni un ideal teórico: es una necesidad estratégica para cualquier país que aspire a competir en un mundo cada vez más complejo y acelerado.