La reciente aprobación de la nueva ley de franquicias en nuestro país marca un hito importante para el ecosistema empresarial. Como líder pyme, veo en esta normativa una herramienta que puede abrir puertas a la expansión ordenada de negocios, pero también un reto que exige preparación y visión estratégica.

Expansión con identidad y transparencia

Las franquicias han demostrado ser un modelo eficaz para crecer sin perder identidad. Permiten que una marca se multiplique en distintos territorios, aprovechando la experiencia del franquiciante y el esfuerzo del franquiciado. Sin embargo, hasta ahora, muchas relaciones se manejaban con contratos poco claros, generando conflictos y desconfianza. La nueva ley busca precisamente dar transparencia y equilibrio, estableciendo reglas claras sobre derechos, obligaciones y mecanismos de resolución de disputas.

La profesionalización como requisito indispensable

Uno de los aspectos más relevantes es la obligación de entregar información previa al franquiciado, incluyendo datos financieros y antecedentes de la marca. Para las pymes que aspiran a franquiciar, esto significa que deberán profesionalizar su gestión y documentar procesos. No basta con tener un buen producto; ahora se requiere un modelo replicable y sustentado en cifras. Este punto es positivo porque eleva el estándar y protege a quienes invierten, pero también implica que muchas pequeñas empresas deberán dar un salto en formalidad.

Capacitación y cultura empresarial

Otro reto es la capacitación. La ley enfatiza la necesidad de transmitir conocimientos y acompañar al franquiciado. Para una pyme, esto significa diseñar manuales, entrenamientos y sistemas de soporte. Es un esfuerzo adicional, pero también una oportunidad para fortalecer la cultura empresarial y garantizar que la marca se mantenga coherente en cada punto de venta.

Visión a largo plazo y seguridad jurídica

La regulación también aborda la duración de los contratos y las condiciones de renovación. Esto da seguridad jurídica, pero obliga a pensar en relaciones de largo plazo. Una pyme que franquicia no puede improvisar; debe proyectar cómo quiere verse en cinco o diez años y qué tipo de socios necesita para lograrlo. Aquí entra en juego la estrategia: elegir bien a los franquiciados, definir territorios y cuidar la reputación.

Los desafíos de la formalización

Por supuesto, existen desafíos. La formalización puede ser costosa, y no todas las pymes cuentan con recursos para asesorías legales, auditorías o sistemas de gestión. Además, la competencia se intensificará: marcas consolidadas aprovecharán la ley para expandirse con rapidez, y las pequeñas deberán diferenciarse con innovación y cercanía al cliente. Sin embargo, creo que el balance es positivo. Una normativa clara genera confianza, y la confianza es el motor de la inversión.

Conclusión: Crecer con orden

En conclusión, la nueva ley de franquicias es una invitación a crecer con orden. Para las pymes, representa tanto una oportunidad de expansión como un llamado a la profesionalización. El reto está en adaptarse, invertir en estructura y pensar en grande sin perder la esencia. Si logramos hacerlo, las franquicias pueden convertirse en un vehículo poderoso para el desarrollo empresarial y la generación de empleo en nuestro país.

Por Rafael Saurez Barboza | Presidente CCPymes